14 de octubre de 2008


Sólo vivir para escribirte.

Sólo vivir para soñarte.

No vivir sin creer que el Sol

es la pupila del botón que parpadea

en tus vaqueros descosidos.

Breves labios rojos. Garganta, tarro de miel.

La luna de pecho de cobre, ufana desde su torre.

No vivir sin saber que tu mano

sembró el barro de mis tierras.

Tiznó la bóveda de mi cielo

y fecundó mi cosmos

de besos sangrantes.

Medias voces ciegas.

Ruiseñores ahumados...

¡Sólo vivir para pensarte!




12 de octubre de 2008

Carta




Miedo. No sé de dónde vendrá el impacto, pero sé que acabaré muerta antes de que el día termine. Dios, sé que cuando leas esto ya no habrá nada que hacer... sólo el terror que se desprende de esta caligrafía demente. Sé que moriré.
Estoy exhausta, dolorida, quiero huir. Creo que me voy a volver loca. Estoy tan sola sin tí... Voy a desfallecer de terror. Todo me exalta. Cualquier sonido basta para hacerme saltar.
¿Dónde está tu voz?¿Dónde tus brazos?

Tengo certeza de que hoy moriré y no sé cómo se me ha revelado. Lo sé.
Voy a morir, voy a morir. Lo repito varias veces en voz alta y nada me contesta en esta casa vacía. Es una carta pánica, pero no pretendo que me socorras, pues sé sera tarde para tu auxilio.

Ha sido una serie de cosas las que han alimentado mi pavor como si fuera una enredadera perversa y carnívora que me devora poco a poco los miembros, la cordura y el aplomo.

¿Ha sido aquella chica que vi a través de la ventana del autobús, que extendía los brazos como si le hubieran herido el pecho, flojos y abiertos? ¿fue su rostro de Dolorosa enferma?¿fue su andar vacilante y perlado de gotas gélidas?¿ha sido el perro famélico, que ladraba a la valla plomiza?¿han sido los tejados de las casas aisladas que parecían aullar al cielo con desesperación?¿el silencio de las nubes? ¡Qué horrible sensación me dio ver las plumas diseminadas de una paloma atropellada, al lado de la boca de la alcantarilla!. Habían pasado sobre ella tantos coches que su cuerpo era tan sólo un saquito rojo y desmayado entre plumas dobladas. Me dio náuseas...
..
Recuérdalo, te amo.

Recuérdame.
Adiós...
Ya está aquí, aunque no pueda verlo.
Ecos de infierno,
huele a hierro.
Ya vienen.

10 de octubre de 2008

Viernes de lluvia


Hoy comí, tras salir de la universidad (en donde he aprendido, entre otras cosas, cómo representar en escritura cuneiforme una oveja y a la diosa Inana y los vastos conocimientos que pueden tener algunas personas sobre temas inhóspitos), en un restaurante de Nueva Orleans llamado Gumbo.
El plato estrella son los tomates verdes fritos, delicia sureña, entre otras exquisiteces que nacen de la mezcla española-criolla-francesa. Este acogedor lugar de estilo minimalista se encuentra en la calle Pez, en Madrid. De allí, bien comidos y yo con la mejilla manchada de brownie, (vamos, que nos habíamos puesto como unos cochinos) nos encaminamos a ver Arte.
Primeros nos dirigimos a la exposición de "Obras maestras del Museo de Montserrat. De Caravaggio a Picasso". Eluden mencionar los pintores que abarca este enorme salto. Cualquiera que me conozca sabe lo permeable que soy ante obras de semejante magnitud (no por su tamaño sino por su maestría apabullante). No cabe mencionar mi embeleso ante la "Madelaine" de Ramón Casas o ante el extraordinario cuadro morisco de Mariano Fortuny. Sargent, Rusiñol, Dalí, Meifren, Vaccaro, Romero de Torres, los impresionistas... todos dispuestos a hacerme perder la compostura. ¡Ese "Delante del baño" tan luminoso, tan sutil y tan íntimo! Ese precioso perfil recortado de la nuca, el rostro, el cabello vibrante; el perfil del pecho primoroso en su desnudez. Ha arrebatado la privacidad de la barbilla, del cuello, de la muñeca tenue que se desvisten lánguidamente antes del baño.
La segunda exposición son "Los tesoros subterráneos de Egipto". Es muy recomendable, sobre todo para ver la contaminaicón (en el buen sentido) que se produjo en la estatuaria y vida egipcias tras las numerosas conquistas que padecieron.
Después de este día tan cultural y con el mono saciado y con las retinas laureadas fui a mi segunda casa, (sin animo de hacer publicidad agresiva): Hipercor/Corte Inglés. Fue en el hiperdor de Pozuelo dónde me encontré con un especimen "mu raro". Iba yo con una urgencia primaria atroz, buscando los aseos como un felino sobreexcitado. Llego a los baños, al fin. Yo no he visto mujeres más hacendosas que las que se ocupan de la limpieza de los baños del Corte Inglés, porque es querer entrar y siempre hay una. Voy corriendo hacia la planta dos y a medio camino, me asalta un... "ser". ¡No! El Ser.
Me quedé lívida. Iba atrozmente maquillado y me sonreía con una mueca siniestra. Lo peor era cómo me miraba y cómo movía los rígidos brazos imitando una marioneta tétrica. Anunciaba un perfume; no llegué a ver la marca. Llevaba incluso una manecilla de las de dar cuerda a los muñecos en la espalda. Me dejó tan impactada ese engendro de la no-naturaleza que me medio tropecé con las columnas de publicidad de la zona de cosméticos. No sé que impresión esquizoide me dió que se me figuró como un autómata maligno. ¿Qué anunciaría esa marioneta diabólica? Y lo peor es que me pareció oír al muy asqueroso riendose de mí, ¡pero mírate cómo vas tú, so payaso!
Estoy segura de que hoy soñaré con esa cara chorreando maquillaje sobre mí ,y con el dulzón y aletargante olor de la laca pasada de fecha.
Me pase todo el tiempo procurando no encontrarme con aquella aberración que parió la publicidad más enrevesada. ¡Qué mierooo!