Él caza en el jardín de las mujeres desechables. No quiere victorias decisivas. Miles de "cajas negras" exudan los infames olores de los jardines asolados. Todo precariedad, todo inestabilidad, todo vulnerabilidad. La glucosa, la consigna, es un "hasta que estemos satisfechos". La obsolescencia no existe, la derrota no existe, los vínculos no existen; las mujeres se pierden extrañamente en el campo, y él sigue cazando, economizando sus movimientos, pero progresando en su noche sin profecías. El desprendimiento es unilateral, y él es el agua que Tántalo quiere beber y se escapa por algún agujero invisible.
6 de abril de 2012
30 de marzo de 2012
12 de marzo de 2012
Tiburón blanco (con ombligo)

Sobrevino la fecha de vencimiento, y ese día ella, seguidora de Moloc a pesar de tener los colmillos romos, estuvo más locuaz que nunca. Él, en cambio, habló poco y se mostró obtuso. Su amistad había sido de muy distinto mérito que cuantas amistades malditas les precedían. Un balance de los daños diría que a ella le había servido para alimentar su escepticismo atroz y a él para rebasar su natural austeridad de virgen, depreciar su sangre y fatigarse.
Ella intentaba sacar música de hojas avaras y decía temer sólo al Tiburón Blanco. Alienaba los ojos-fisura con el horizonte. Lo rompió todo antes de que él pudiera afirmar que tuviera pulso. Él, con toda sinceridad de espíritu, se comprometió a devolverle una felicidad primitiva que no sabía si había perdido. Cayó en desgracia y ella le cesó en la obra devoradora. Asumió el papel final de atormentadora que ríe y de un soplo disipó los límites y los privilegios. ¡Fin!
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