6 de abril de 2012
El jardín de las mujeres desechables
30 de marzo de 2012
12 de marzo de 2012
Tiburón blanco (con ombligo)

1 de marzo de 2012
"...Todas las mujeres que le habían conocido fueron asesinadas. ¡Qué saqueo del jardín de
la belleza! Bajo el sable, ellas lo bendijeron. No encargó otras nuevas. - Las mujeres
reaparecieron.
Mató a cuantos le seguían, después de la caza o las libaciones. - Todos le seguían.
Se divirtió degollando los animales de lujo. Hizo arder los palacios. Se abalanzaba
sobre la gente y los descuartizaba. - La muchedumbre, los tejados de oro, los bellos
animales seguían existiendo.
¡Cabe extasiarse en la destrucción, rejuvenecer mediante la crueldad!..."
21 de febrero de 2012
La ternura del tirano

30 de enero de 2012

Él, del orden de los reptiles de mandíbulas córneas y bruxistas, mira a la chica. Es severo. Es persistente. Mastica chicle. Todo él empuntado, delgado, poco inocente, de modo que a ella no le cuesta imaginarlo desnudo, aunque no quiere imaginarlo desnudo. Con los ojos endentecidos unce a la desconocida mientras camina y se sienta dos asientos más atrás. Ella se vuelve, una sola vez, desde su escabel. La tapicería está húmeda. El autobús arranca. Delgado como lo era la gente en épocas poco prósperas. Me parece más noble la atracción habría dicho el nuevo ungido. Ella sabe que la sigue mirando. La mira adusto y es posible que piense que ella no actúa con mucha inteligencia pero hay carne sinuosa y hay nubes frutales fuera y al fin y al cabo ella no desvalora su físico porque si ha de tener un color ese es el plata. Terco como un niño cuando desmantela los cabellos de ceniza y descubre un pecho, la mira cada vez más serio y con mayor firmeza. Algo en él hace atribuirle cierta excepcionalidad: puede que a su casa solo vaya de noche o puede que sea aficionado a hablar de oleajes color cangrejo o puede que alguna vez haya murmurado “el miedo ya no existirá más” y eso le hace pensar a ella que una mirada de hombre la sigue encabritando siempre que la mirada signifique SÍ hay mañana y los eclipses orientales sean equilaterales a las sábanas de color que perdió de vista o le quitaron de sus brazos ya sin piezas ya vacíos de abrazo. Ella se cubre con el bolso y cierra los ojos e imagina que él habla y propicia otro encuentro, otro día, en otro sitio, aunque no se ha acercado ni un milímetro a su asiento. Al Innominado le gustaban sus palabras de mariposa filosófica y le gustaba su mano sonora y le gustaba en muchas cosas pero se fue hacia los rayos circulares y la dejó, la dejó y ella para sobrevivir piensa que más adelante saltará por encima de la cabeza del hombre cuando él caiga en la cuenta de que su nombre se ha vuelto extraño pero su virtud es cada vez más fuerte. Entonces se da cuenta de que el desconocido está hablando por teléfono y que le está diciendo “te quiero” a alguien cuya réplica es inaudible. La ha dejado de mirar, ahora mira por la ventana y eso es doloroso, no siente celos por el desconocido pero es como si se hubiese posado suavemente en su corazón justo antes de fulminarlo y lo que la devasta es la impunidad con la que ese hombre le decía te quiero a alguien porque ella no podía llamar alegremente y decir algo así y entonces empieza a pensar a quién puede llamar y decirle algo así sin que suponga una humillación o una burla y siente un dolor rezumar más fuerte que la muerte y por un momento flaquea en su propósito de recoger todas las escamas y desea, desea poder llamar a alguien y decirletequiero y que no sea una mentira o un quebrantamiento si no decir verdaderamente decir de nuevo que ama hasta el latir de sus párpados y que por ellos se enfrentaría a la ira de Dios y así poder alzarse como una catarata y dejar de ser como la zorra teumesia y así volver al claroscuro. Ella baja del autobús.
13 de diciembre de 2011

10 de septiembre de 2011
Caen los ojos

El angustioso mar de pedrería vino
para abismar tus retinas en charcas sin reflejo.
Leucozafiros y vientre lamidos
Con entusiasmo por el Frío
Son voz en la tus deudos
Hunden las manos.
Las zarzas besan las pecas
Que vivían en tu piel viva
en un colegio con capilla y sin fosforescencia.
Te recuerdo con los carrillos rojos
Y los labios moviéndose precoces en la lengua adulta
hoy,
Cuando la enorme verdad del hielo,
Sudario de tierras frías,
Es sopa diaria e inmóvil.
Tú
Nunca envejecerás, ni te casarás, ni descolgarás hijos de tu ombligo.
Ya no participas en el juego del erizo:
Eres portador de remos que comen orillas de látigos blancos
en un columbario desecado.
Y nosotros,
los vivos,
Tus siameses de pupitre,
Veremos el hueco de tu cara llena,
Oiremos el silencio de tu respiración felina y sana,
Desde los escalones acuosos
de nuestras vidas largas e intercambiables.
In memoriam C.D.
1 de septiembre de 2011
Y verás a tu niña caer al mar
28 de julio de 2011
Impasse
10 de julio de 2011
Casi cirugía.

Y como lo primero que hacía cuando empezaba a escribir una historia era detallar la estancia en la que transcurría, el Escritor escribió:
“La sinóptica pero espaciosa habitación del hospital cuenta con un sofá lapislázuli que da calor. Si pretendo que mi espalda descanse en el respaldo mis pies se alejan del suelo. Me hace asemejarme a un muñeco estuprado. Sudo mucho. Parece que alguien ha intentado succionarle las hojas a las orquídeas –empiezan a marchitarse. Yo soy el visitante; la cortesía que contempla a un enfermo nada ávido. El enfermo es un varón. El enfermo es mi hermano. Muy posiblemente ya ha dejado de pensar; no abre los labios para ver ni abre los ojos para oír. Suelto palabras desde mis labios degradados para acallar el espantoso abrazo de la Enfermedad. Mi joven alma se moja de ese padecimiento inmóvil y miro a la ventana como si esperase ver la vida caballar y alegre que me corresponde y a la que renuncio por estar aquí con él.”
***
Te había mordido el alma y tú lo que más querías era hacer algo demoledor, algo grande, que él recibiera como un “tú lo provocaste”. Un grito-agujero babeante, endemoniado, con las tripas fuera y remojadas en lágrimas; el bramido del cielo mientras se rompe el espinazo. Algo que llevara en la conciencia toda su puta vida. Por eso te tomaste esas pastillas a toda prisa. Pero te pillaron a tiempo y ahora ves al eterno victorioso ante la cama áspera del hospital. Volverías a ser carbón para la maquinaria abyecta de sus relatos y él seguiría sin reconocer su culpa en todo esto.
“Laceras mi carne”
Quieres decirle
“Ahora olfateada y contaminada. Mi carne de naufrago feroz por tu glotis de… Tu abrazo era hoguera. Devuélveme a mi… a mí. Fui el des-amado. Tu maldad es más ágil que los recuerdos y te alimentas de mis escalofríos y cómo no pudiste ver en mí señal de haber llorado cuando te fuiste con María, mi mujer y creíste que la calentarías pero la helaste como nos helaste a papá, a mamá y a mí cuando os vimos pasear cerca del colegio al que iba Marieta.”
Tú solo eres señal de un río derrumbado.
“Ojalá pudieras sentir el frío de este lado; el lado de los que aman demasiado a. Tú. Ti, te. Tu amar es mediocre para ser hombre y mucho más lo es para ser escritor…”
No hablas porque la garganta te escuece. Tras el lavado de estómago, piensas.
***
El Escritor se despidió del “hombre-bayeta” que era su hermano gelatinoso dentro de las sábanas pellizcándole el hombro, no sin antes comunicarle lo fétido que le resultaba el baño de la habitación, al que describió como una mezcla de “orín, datura estramonia, melocotón en almíbar y saliva.” No podía quedarse más tiempo porque tenía a María mala en casa –siempre se muerde los labios a pronunciar su nombre- así que hasta otro día, ya se verían en otro lugar donde la luz fuese más amable. Y que no hiciese otra tontería, que por encima de todo y todos, había que vivir. Aún tenía un verdor en el corazón que le hacía muy débil. Adiós, hermano.
3 de julio de 2011

Televisión. Cristina Tárrega, siempre untuosa, opina, sin remordimientos, que "lealtad y fidelidad son dos cosas distintas" y que "Leonardo da Vinci no sabía pintar manos". Todo el mundo sabe que Goya cobraba más por pintar figuras que no llevaran guantes. Las uñas son difíciles, y el ventilador USB le estaba resecando los párpados a Amalia, quien creía que la fidelidad era muy recomendable, ya que, particularmente, a ella no le favorecía la pérdida de cortisol que conlleva el sexo y le servía, además, de personalísimo adorno en el mundo incontinente y lúbrico en el que vivía.
11 de junio de 2011
La emesia redentora

7 de abril de 2011
Arranca.
16 de marzo de 2011
Me afilan.
Sale un hombre de la casa. Tiene los lagrimales a distinta altura.
Mujer mal cosida, mujer precadavérica ha comprendido.
Los mil brazos de la serpiente la han hecho vidrio frotado.
Hay carne amarilla hoy y sal mañana.
Espectros de musgo hoy y sangre demasiado ayer.
Ningún muchacho la esperará en el Barrio Latino
Y ella ya no espera que melancolía se le salga con la orina.
21 de febrero de 2011
15 de febrero de 2011
12 de febrero de 2011
30 de enero de 2011
Ready for the Floor





